Siempre tuve el tinte gris y triste de quien no encuentra sentido en su vida, siempre mis escritos tienden a lo lóbrego y melodramático, esto es sólo un reflejo de la manera en que llevo my existencia, ni viajes ni ciudades, ni nuevas caras ni trabajo me logran cambiar el filtro bajo el cual vislumbro todo a mi alrededor.
Pero siempre hay esperanza y esta vez llegó en la forma de un angel, que tendiendo su mano me ha dejado ver el sol a través de un hueco entre el cielo nublado y monótono. Quién yo imaginaba fuera de mi alcance me ha asombrado al poner pies en la tierra y dejado su existencia inmortal por una perenne, simple mortal como yo, ya no pisa nubes bajo sus pies, ahora siente las espinas en el suelo y anda a paso firme sosteniendo mis dedos entre los suyos. A su lado no hay dolor, no hay sufrimiento, se detiene el tiempo para dejarme admirar su pecho inflamarse y vaciarse, desnudo, mientras la luna ilumina su cuerpo con su cabeza recostada sobre mi almohada. Al amanecer su sonrisa ilumina la habitación opacando el brillo del sol, que ahora me bromea diciendome que solo es un sueño, una visión fantasmal.
Y hoy no esta , se ha ido, me deja sintiendo que regresa la pena, que no sobrevivo este lapso, solo una semana en la cual me sentiré celoso de quien pueda estar a su lado, de quien pueda rozar su piel y sentir como se eriza cada vello, como se abre cada poro, y oler su cuello sabor a chocolate, mientras yo me quedo viendo imagenes de romances y destino en una pantalla que refleja mi rostro sombrío.
A ti que me has hecho olvidar 4 años de soledad, que me tienes escribiendo líneas que escurren con sangre del pequeño y olvidado músculo en el pecho.
No te conozco, pero no quiero nada más, que estar a tu lado, Lola.
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